sábado, diciembre 09, 2006

Gracias a las acciones

Lo primero que quise, fue marcharme muy lejos. Cantamos esa frase Julia, Gregorio y un servidor cuando tomamos el tren de la 1:40. Destino, como siempre, Chicago. ¿Regreso? Nunca. En la realidad, un par de días después.

Es necesario, hasta cierto punto imprescindible, después del semestre que hemos tenido, escaparse. No importa el dinero que se gaste o se deba. Entre los problemas de adaptación y la inundación académica de Gregorio y mi recaída en la pavada de esperar, absurdamente, por cosas que nunca van a llegar no importa lo mucho que hagas a cuesta de sus simulacros… bueno ustedes entienden el punto.

El día de Acción de Gracias no pudo ser de otra manera. Cuando llegamos, el dinosaurio estaba dormido. Salvo unas 10 personas por las calles de Chicago, de los cuales 3 éramos nosotros, olvidábamos que en Acción de Gracias se come con la familia y no se sale a ninguna parte. Bien. No. ¿A quién se le ocurre detener el mundo para celebrar la llegada de los lindos peregrinos a América? En palabras de Maldonado, eso me monda la rosca como muy pocas cosas en la vida. Claro, que para nosotros los puertorriqueños la cuestión tiene un color algo distinto. Nosotros por el descanso, el arroz con gandules, y la familia… ah si, la familia: justo lo que mis dos amigos y yo improvisamos ese día. A mí la ansiedad del pavo, por suerte, no me atacó tanto como a Gregorio. Dunkin’ Doughnuts: doy gracia por el pastrami melt y el chilli raro; Gregorio por el turkey whatever que se comió, y Julia por la dona. Diabética la veo.

Digamos que los dos eventos más grandes de esa semana fueron, en orden de importancia, ver a la Jini y luego comer arroz en casa de la hermana de Jini… or is it? Luego, pues pernoctar por una ciudad de verdad para descanzar de South Bend. Acosado por los recuerdos intransigentes, dígamos que aun así fue un merecido descanso del semestre.

Recomienzo esto luego de unas tres semanas, porque se me perdió el documento donde escribía. Ya no recuerdo lo que quería escribir en aquel momento. De todas maneras, notarán que lo que se pintaba no era tan entretenido. Solo quiero escribir lo siguiente ahora: corremos hasta que logramos huir, y luego ni recordamos ni por qué estábamos huyendo. ¿No les ha pasado?



Al carajo, esta crónica se fue a la mierda hace mucho tiempo. Sabina, Jim Beam y Cortázar estan más interesantes.

Desde Indiana saludamos a la crónica que fue, a la que pudo haber sido, y un futuro terror. Que no hay error más grande que el de escribir sin atino, ni mayor pesadumbre que la escritura complaciente.

viernes, diciembre 08, 2006

En una noche guajira...



... Cortázar delira en medio del lake effect mientras subo esta foto, escribo escuchando el tecleo del Greco en la sala construyendo barroquismos a la vez que la señorita duerme el tiempo entre la nieve y el bus, gregorio escribe desesperado mientras me mira "perder mi tiempo", recuerdo a Intransigencia, vuelvo a escribir, y sorbo mi dewar's. Yes, he's sipping it...

algunas cosas han sucedido. de esas, cuando encuentre la crónica, se enteran luego.

en lo que el hacha va y viene, un pedacito de chicago en acción de gracias.