lunes, julio 24, 2006

El barquito


Ostia!

Joder!

Coño!

A un mes y medio aproximadamente de publicado, acabo de darme cuenta de algo: nunca publiqué la foto del barquito de cásscara de nuez. Claro, puedo estimar levemente que a nadie le importa, pero por mi salud emocional, aqui publico la foto.

El barquito lo constuyó Evita, y me lo envió de regalo a Indiana. Claro que Evita olvidó que las cosas frágiles que se envían por correo tienen una gran probabilidad de romperse en el camino. Es una gran metáfora para todo en el mundo, y cuando digo todo, es todo.

Luego de un par de meses Intransigencia fue a visitarme, y juntos unimos las piezas del barquito otra vez, o sea, que ella lo pegaba mientras yo apenas estorbaba descomponiendo lo que ella componía. (Ven como todas las cosas son metáforas para todo y todos?)

Esto fue lo último que compusimos juntos, lo cual me hizo pensar en todas las cosas que en el pasado me han llegado rotas por correo y en vez de componerlas, sólo las he descompuesto más y más.

Desde la isla del espanto saludamos a Evita, y a todos aquellos que hemos tenido que remendar pedazos de algo en algún momento. Algún día seremos buenos alfareros, excelentes costureros, o al menos, tendremos un buen pegamento.

ps. Incluyo un vínculo a la letra de Gaby, Fofó y Miliki en la cual basamos el barquito de la foto. Existencialismo para niños, diría yo, en otra gran metáfora para todo. Bunbury, como todo lo que hace, tiene una excelente versión.


http://www.letrasmania.com/letras/
letras_de_canciones_miliki_7448_letras_a_mis_ni%C3%B1os_de_treinta_
a%C3%B1os_25148_letras_el_barquito_de_c%C3%A1scara_de_nuez_275739.html

sábado, julio 01, 2006

La desfachatez


Crónicas desde la Indiana: De paso, siempre, de paso.

Son exactamente la 1:02 de la tarde. La exactitud temporal se la debemos al movimiento del tren, que puede ser incómodo, poco estético y aburrido, pero cumple a la perfección con su rol mesiánico.

El nuevo apartamento ya está listo. Le contaba a Gregorio ayer que he decidido llamarle la “Comuna Interracial de South Bend”. Imaginen una casa estilo norteamericana, (o sea, de resistente cartón prensado) de dos pisos, y un sótano. El sábado que fui a buscar la llave del apartamento Tom, el casero, me presentó oficialmente a los vecinos. La casa está dividida en apartamentos de la siguiente manera: en el sótano vive Alice, afro americana de unos 40 y tantos años, a ojo de pájaro. Es bastante bajita, de peso mediano, con disposición agradable y voz dulce. Hasta ahora es la que mejor me cae, posiblemente por las características que acabo de mencionar, probablemente porque cuando llegamos estaba justo comenzando una barbacoa bastante prometedora. No descartemos ninguna de las opciones.

Luego en el piso de arriba, que está dividido en dos apartamentos, están Lou (este nombre es momentáneo en lo que logro recordar el verdadero). Sólo una palabra puedo usar para describir a semejante ser humano: hillbilly. No escribo eso en tono peyorativo, pero es la única imagen física que puedo darles al momento, y la más cercana a la realidad.

Al lado, tenemos entonces a Raúl. Mexicano, de unos 20 tantos, cuidado que 30. Cara de buenazo, aspecto de manganzón. Trabaja en construcción y en estos días al parecer no se quita su camisa del equipo nacional mexicano. De éste no sé gran cosa, porque no habla mucho, o al menos no con gente que no conoce.

Y entonces en el apartamento al nivel de la tierra tenemos a dos puertorriqueños. Chévere. Lo mejor de todo ese sábado fue darme cuenta que Gregorio y un servidor vivirémos frente a un edificio que le pertenece al Instituto Helen Kellogg para estudios Latinoamericanos. Ya tengo la imagen futura clara en mi mente de todos los vecinos agarrados de la mano cantando "We are the World" o "That’s What Friends Are For".

Pero ahora, a la verdadera materia: Lupe y su bikini prohibido.

Resulta que en determinado momento de este último fin de semana en el Bend Lupe pasó por el apartamento en el cual estaba yo viviendo este verano para buscar mi barquito de cáscara de nuez (foto incluida, es la matita en el tiesto azul con personalidad) cosa de que no se muera mientras estoy fuera. Entre otras cosas, me contó que llevó a su pequeña Clarita a la piscina municipal de South Bend. Lupe, algo contenta con su apariencia física en estos días, decidió vestir probablemente la pieza de ropa más prohibida e insultante que se puede vestir en esta “cuidad”: un bikini. Según Lupe, el bikini no era nada fuera de este mundo (recordemos que South Bend ES otro mundo) y que de hecho, es el bikini más conservador que se había puesto en su vida. Para tener un referente más claro, me dijo que no era ni remotamente cerca de los bikinis que se ponen las chicas que se bañan en las playas de Ipanema. Ignoro como son los bikinis en la mencionada playa, aunque me cuentan que son algo realmente fuera de cualquier mundo. Ignoro además el diseño y el color de la prenda así como la apariencia de la modelo, pero me adhiero a los detalles contados. Es decir, que se los vendo al costo.

Pues al parecer el día veraniego iba viento en popa hasta que nuestra amiga argentina fue detenida por algún salvavidas de la moral con el siguiente comentario, de cual ignoro todo, pero así lo imagino: “Excuse me, miss. Is it possible that you can wear, like, shorts or something? Some people are complaining about your bikini, since there are kids around.” Al momento del comentario, imagino que la cara de Lupe al escuchar esto debe haber sido parecida a la mía mientras escuchaba semejante situación… qué situación! ¡Semejante cafrería! Una vez más, no tengo imagen alguna de la prenda malhayada, pero como está la obesidad crónica carcomiéndose la sociedad norteamericana, imagino que las intenciones de quien se haya quejado están algo alejadas de la intención de proteger la virginidad visual de aquellos niños que probablemente conocen más páginas pornográficas en la red que todos nosotros juntos. Es una de las cosas de los EEUU que más me irritan la piel: esa molestosa changuería moralista políticamente correcta que vuelve hasta una pieza de baño en instrumento satánico para corromper la mente de los niños norteamericanos. ¿Qué significa esto? ¿Qué podemos decir cuando una nación como esta intenta construir un muro en la frontera con México, matar civiles a mansalva en nombre de un llamado de Dios, crear una ley llamada el “Cheeseburger Bill” para evitar que los ciudadanos puedan demandar a corporaciones como McDonald’s por envenenarlos con papitas fritas que no se pudren ni siquiera treinta días fuera de la nevera (corrobórenlo en el dvd de Super Size Me), dormir tranquilos, pero alarmarse por un bikini?

A lo mejor el problema es mío, jíbaro como soy y probablemente los brotes de nacionalismo me ponen intolerante a veces, pero cada vez entiendo este país más, por lo cual cada vez lo entiendo menos.

Prefiero pensar lo que me decía cierto estudiante de filosofía el otro día: “Dude, don’t take South Bend as a model for the rest of the USA, otherwise, you are going to hate us all!”

El tren acaba de detenerse en Gary nuevamente, probablemente la ciudad más deprimente que he visto alguna vez. Cómo se los explico para que entiendan…? Ah, ¡claro! ¿Saben de dónde viene Michael Jackson? De Gary, Indiana. Así está la cosa.

Desde Indiana saludamos a Lupe Arenillas: ojalá que en una playa de Ipanema no critiquen tu traje de baño, y la moral no impida tomar un poco de sor al atardecer.